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lunes, 12 de enero de 2015

Democracia, Pan y Fútbol

El bar, la red social por antonomasia, ha reclutado en sus filas desde tiempos inmemoriales a numerosos comentaristas deportivos de bar, aquellos que se reunían cada domingo para ver el partido y lo comentaban como si de verdaderos periodistas deportivos se tratase. Estos periodistas de bares formaban la opinión pública de la España que retrataba la época de la pre-crisis. Era la España del "pan y fútbol".

Pero el pan no duraría mucho, la crisis -o lo que al menos nos han hecho creer como tal- se empezaba a notar en los hogares, en las calles... Y en los bares. En los bares también.

Continúa en http://www.publicoscopia.com/tribuna-libre/item/3001-democracia-pan-y-futbol.html

Como la plataforma Publicoscopia ha cerrado lo continúo aquí:

Los comentaristas deportivos de bar comenzaban a ser politólogos de bar. La pasividad del “pan y fútbol" daba paso a la decepción del “pan y política”. Era la España del “todos son iguales”, la España del cuñado indignado en las cenas familiares, la España agnóstica políticamente hablando. Las Elecciones Generales de noviembre del año 2011 retrataron mejor que nadie este agnosticismo con una participación del 71,69% -un 4,8% menos que las Elecciones anteriores- que dejaba un amargo 28,31% de abstención. En porcentajes quizá no parezcan alarmantes las cifras pero fueron nada menos que 9.688.932 electores los que no ejercieron su derecho al voto. Es decir, más de nueve millones y medio de agnósticos o indiferentes. Las cifras son preocupantes cuando está en juego quién -y cómo- se va a regir la vida pública de la sociedad durante los próximos años.

En política, como en todo, hay un punto de inflexión. Una fuerza que paraliza la caída en picado e impulsa el inicio de un nuevo ascenso. Somos cíclicos y la indiferencia que nos duerme es la misma que alimenta en nosotros la indignación de despertar y darnos cuenta del problema que ha supuesto el quedarnos dormidos. Se suele datar como punto de inflexión el 15 de mayo de 2011, fecha en la que comienza el Movimiento Ciudadano del 15M -llamado así por el día en que se convoca una manifestación pacífica de numerosos colectivos iniciándose la plataforma como tal-. No es tan delimitado el punto de inflexión, yo más bien lo situaría en torno a todo el año 2011 pero sí está claro que el 15M fue el altavoz mediático, ya que llegó incluso a retransmitirse en prensa extranjera, necesario para despertar y pedir una “Democracia Real Ya”.

De este movimiento, y del sentimiento de indignación que despertó en la ciudadanía, surgieron numerosos grupos de oposición, fuerzas sociales y plataformas políticas. Las nuevas formaciones políticas daban a entender que la mezcla de alternancia de poder e indiferencia ciudadana habían forjado un sistema que comenzaba a dar sus frutos, los agrios frutos de la corrupción. Los bares, como ya se ha dicho antes, comenzaron a llenarse de politólogos de bares cuyo discurso podía
escucharse por encima de los periodistas deportivos de bares. El abanico de opinión, ya abierto a nuevas formaciones, hizo que todos quisiéramos aportar nuestro pequeño granito de arena a la democracia.

El año que acabamos de empezar, el año 2015, es un año políticamente apasionante. Un 2015 electoral necesario para todos los ciudadanos. Tenemos más claro que nunca que la democracia la debemos cuidar nosotros sin caer en la indiferencia. Porque para lograr “pan y fútbol” necesitamos pan, y para tener pan, necesitamos política. Por tanto “política, pan y fútbol”, que sea esa la tríada que gobierne. O mejor aún democracia. Claro que sí: “Democracia, Pan y Fútbol”.

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